(novia de amigo mirando un papelito morado rayado pegado en la puerta del cuarto).
n.- ¿Y eso que es?
osito.- Pues supersticiones de aquella.
yo.- Es un símbolo reiki de protección, puse otro en el espejo del baño.
n.- jijiji.
yo.- Si es que de pronto me da miedo...
Sentada frente a ella, trato de lograr lo que me pide y relajarme. Imita mi posición y sonríe.
- ¿Estás lista?
- La verdad no.
Cierro los ojos, su mirada siempre me ha asustado. Escucho su voz.
- Estás lista. No lo sabes pero lo estás.
No contesto. Escucho mi respiración acelerada. Trato de controlarme. No quiero que ella lo note.
Y lo recuerdo:
Era yo una niña la primera vez que la vi. Durante una tormenta fuerte, se fue la luz en casa. Mi mamá prendió unas cuantas velas y dejó una en la habitación donde jugaba. Cuando salió del cuarto, me quité los zapatos y me puse a brincar en la cama, una preciosa cama con cobertores rosas y almohadones con tejidos de colores. La vela estaba frente al espejo. Un estruendo se escuchó y un rayo iluminó la habitación. Y allí estaba ella. En calma, me miraba brincar, se acercó a mí y brincamos juntas. Me sentía contenta, al fin tenía una amiga con quien jugar. Desde ese día fuimos inseparables.
- ¿Qué es lo que estás viendo? – Me pregunta de pronto.
Vuelvo a notar mi respiración agitarse. Empieza a envolverme un miedo espantoso, la terrible seguridad de que puede saber que pienso y observar cualquier imagen que visualice.
- ¿Porqué no me contestas?
- Perdón, no te escuché. – Miento. Siempre percibo su voz. Tan particular, tan profunda, tan ajena.
- ¿Qué viste?
- La última vez que estuve sola.
Un momento de silencio, lo suficientemente largo para animarme a abrir los ojos. Sigue aquí. Me mira apacible y sus ojos, aunque sonrientes, me siguen dando miedo. Es su silencio lo que me intriga. Pero me doy cuenta. Me levanto y camino hacia ella, mientras comienzo a llorar.
Y rompo el espejo.


